Opinión

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No toda la eficiencia resulta “eficiente”

Son pocos los proyectos en los que la gestión energética se enfoca de manera sistemática en pos de alcanzar los resultados óptimos esperados

03/03/2021

La experiencia muestra que, como consecuencia de la necesaria adaptación a la realidad, cada vez son más las organizaciones y empresas que están involucradas en proyectos para mejorar su desempeño energético. Las razones son diversas y a veces concurrentes, los motiva el precio de la energía, la búsqueda de mejoras en el empleo de los recursos productivos, o la mejora ambiental por propia iniciativa o para cumplir con las disposiciones que promueven la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI).

Sin embargo, son pocos los proyectos en los que la gestión energética se enfoca de manera sistemática en pos de alcanzar los resultados óptimos esperados. En la mayoría de los casos en que ocurre esto, recién se recurre a estructuras altamente especializadas cuando se percibe que los resultados no están siendo satisfactorios.

Además, la improvisación en cualquier gestión es fuente entropía, suele estar acompañada de largos cronogramas de ejecución y costos financieros no calculados, que a la postre penalizan innecesariamente todo el proyecto.

Esto se debe a que, aún siendo conocedoras del sector energético, muchas empresas tienden simplemente a “aprender haciendo” sin mecanismos que mitiguen el costo de este aprendizaje, por ende la búsqueda de la verdadera eficiencia termina convirtiéndose en un mero proceso de “ensayo y error”, con consecuencias económicas negativas.

Curiosamente, esto explica las grandes pérdidas que se registran en el propio sector energético y que abarca las plantas generadoras, el sistema de transporte y la distribución. Sólo en la distribución, que es el último eslabón de la cadena, el Banco Mundial informa para Argentina que mas de 15% de energía se pierde o derrocha. En estos casos, dichas pérdidas van a los costos de todo el sistema. Asimismo las pérdidas producidas dentro de los procesos industriales salen del bolsillo de los empresarios y luego de sus clientes.

Como se puede apreciar, la competitividad resulta fuertemente afectada en un entorno comercial que cada día se vuelve más agresivo.

Para que los resultados se transformen en un caso de éxito, no basta con tener los conocimientos técnicos necesarios del área, también hace falta capacidad de gestión, delegación apropiada y toma de decisiones basadas en un criterio más abarcativo que el sectorial.

En general, los proyectos improvisados generan un sentimiento de frustración que pone en duda los beneficios concretos que podrían lograrse con una buena estrategia para una gestión eficiente de la energía. Al mismo tiempo no permiten evaluar los impactos secundarios que afectan a toda la organización, los cuales son más que significativos.

Así, buscando un resultado puntual, se hacen modificaciones en las líneas de producción, agregando, quitando o reemplazando equipamiento que cambia los niveles de operación o bien se obliga al cambio de los hábitos de consumo. Si bien puede haber una mejora en los volúmenes de energía consumidos, al final suele cuestionarse la relación del costo-beneficio de toda la operación.

La causa de esta situación, como se dijo, es el enfoque parcial, no especializado, en la planificación del proyecto, la cual no contempla de manera integral los procesos de gestión energética. La eficiencia energética engloba una gran cantidad de tecnologías y prácticas especialmente diseñadas para cada tipo de proceso, no es sólo reducir el consumo energético de una parte sin entender el todo.

Con diferentes grados, este es el error mas frecuente en todo el mundo.

Como muestra la experiencia internacional, el efecto de reducción del costo energético suele ser efímero en un proyecto enfocado parcialmente debido a la ausencia de una estructura profesionalizada específica capaz de evaluar y medir correctamente la estructura del consumo, de determinar la transformación tecnológica necesaria, de sacar a la luz las carencias de base que deben ser revertidas, de descubrir la causa raíz de las ineficiencias, y que sea también capaz de unificar todos los componentes del campo en el cual se desenvuelve el proceso energético.

Para que la eficiencia se mantenga en el tiempo y reditúe la inversión, deben rediseñarse, luego de un diagnóstico completo, las prácticas operativas necesarias. Simultáneamente es menester organizar sistemas que capturen y traten los datos disponibles a fin de generar la interpretación correcta del estado funcional del uso de la energía y, en base a ello, controlar y promover ajustes adaptativos en todo el sistema cada vez que las condiciones de contexto varíen.

Es un proceso en que se requiere una captura y acumulación importante de datos y la aplicación de modelos matemáticos que permitan evaluar, en condiciones compatibles, el consumo antes y después de la ejecución del proyecto.

El margen de error es extremadamente estrecho en instalaciones críticas como por ejemplo; centros de datos, laboratorios, instalaciones industriales que involucran procesos especializados, etc., donde el costo de la energía es un costo significativo en los costos totales de operación.

Es necesario combinar estrategias de eficiencia energética tanto pasivas como activas. La eficiencia energética pasiva se basa en la implementación de medidas de contención energética, como por ejemplo incorporar equipos de bajo consumo y/o productos (como aislamientos) para minimizar las pérdidas de energía. Este tipo de estrategia es, en general, hasta donde llegan la mayoría de las iniciativas. La eficiencia energética activa es un enfoque más permanente e implica la medición, el seguimiento y el control continuos de la energía a través de dispositivos que regulan su consumo.

Este proceso no consiste exclusivamente en esperar sólo la reducción de las facturas por el consumo energético. La clave es asegurar la eficiencia de manera continua. Es importante contar con el conocimiento técnico adecuado para el análisis energético y cuestionar cada operación realizada, para así tener una respuesta fundamentada y válida.

Ha habido casos en que las industrias confían en el monitoreo detallado y la implementación masiva de medidores, pero no son capaces de analizar correctamente las variables y sacarle el máximo provecho. La consecuencia tarde o temprano se hace notar en los resultados energéticos. Esto, sin mencionar la frustración que genera haber invertido en instrumentación para la captura datos sin obtener los resultados esperados.

Veamos un ejemplo exitoso, que ilustra la importancia de un trabajo realizado por una estructura con el expertise tecnológico necesario:

Se trata de una industria láctea de Barcelona (Calidad Pascual) que consume todos los vectores energéticos habituales. Dispone de caldera de vapor, producción de frío mediante compresores de amoniaco y distribución en agua helada para climatización y proceso, producción de aire comprimido, tanto en alta como en baja presión, tratamientos de agua bruta y de agua residual, etc. Su producción actual es aproximadamente 115 millones de litros de leche.

El proceso intervenido abarcó de manera integral la operación y mantenimiento de todas las instalaciones auxiliares de la fábrica, incluidas calderas, compresores de aire, planta de frío, planta de tratamiento de agua bruta, planta de tratamiento primario y secundario de agua residual, instalación de gas natural y distribución eléctrica.

Los resultados alcanzados son muy relevantes. Un ahorro que supera el 17%. Gracias a la intervención, el cambio en los procesos además produjo una mejora de las instalaciones energéticas, que ahora son más modernas, más eficientes y de mejor calidad. Las instalaciones de producción están optimizadas al igual que las condiciones de seguridad y las condiciones de trabajo.

En este ejemplo, queda claro que el camino de la eficiencia, es complejo puesto que abarca un análisis sistemático e inteligente del todo, no puede ser tomado a la ligera. Emprenderlo es un compromiso de magnitud dado que implica una evaluación y hasta un rediseño de lo que se esta haciendo, involucra todo, equipamiento, métodos y personas.